“Dios me sacó de la oscuridad”

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Jorge Zegarra nació en un hogar sustentado en altos valores morales. A los 16 años llegó a Lima y vivió otra realidad, vio muchas cosas a las que no estaba acostumbrado. Sin darse cuenta, formó parte de un grupo de jóvenes conocidos cómo góticos.

Todo empezó cuando en las reuniones de amigos a las que frecuentaba, conoció a un joven que solía vestir un saco negro. El muchacho le dio un casete de música con una portada romántica. Con el paso del tiempo, este joven lo invitó a una fiesta.

Cuando llegó a la reunión se percató que todos tenían ropa negra. “Parecía que era un homenaje a los vampiros”, añadió Jorge.

Poco a poco se involucró más con esas personas y con el tiempo decidió ocupar un sitial importante en esa secta. El  líder le dijo que él era el elegido para algo especial. Muy pronto Jorge se convirtió en uno de los más importantes de ese grupo.

Invocaciones a fuerzas ocultas pidiendo poder y pidiendo más adeptos eran parte de las reuniones. Muchos jóvenes deprimidos llegaban a los rituales esperando encontrar solución a sus problemas.

Jorge recuerda que en la víspera del uno de noviembre ofrecían la sangre de todos los jóvenes, y la virginidad de una doncella, quien se tenía que entregar al jefe de grupo. Además, descargaban su ira en un frenesí de violencia.

Historia paralela

Paralelamente, quien sería su esposa, Reina Pérez, pertenecía a una familia con muchos problemas por las continuas discusiones en el hogar. Ella, por medio de una invitación llegó a la Iglesia Cristiana Pentecostal del Movimiento Misionero Mundial, así comenzó a asistir esporádicamente.

Un día, en medio de una fiesta, ambos se conocieron y de pronto surgió un gusto entre ellos, pero Reina nunca se imagino la astucia con la que Jorge podía engañar a más de tres jovencitas simultáneamente.

 La inocencia de Reina no le permitió ver muchas cosas que hacía su prometido a espaldas suyas. No fue hasta una semana después de casados que comenzó todo el tormento.

Ella se enteró que su esposo quería casarse en Tarapoto para huir de las continuas amenazas de las mujeres que querían había engañado. Por eso, decidió evitar un escándalo el día de la boda.

Con la responsabilidad de llevar una familia, Jorge tuvo que dejar el grupo satánico y enfocarse en el trabajo. Pero ni la mejoría económica pudo resolver los problemas en casa.

Es allí donde Reina recordó la palabra de Dios y decidió buscarlo de todo corazón. En aquel momento, una voz inigualable le dijo: “Que haces aquí, si tú me perteneces. Tú eres de Cristo”.

Su esposo por el contrario, intentó cambiar a su manera pero no lo conseguía. Llegaba ebrio, lloraba amargamente, deseaba cambiar, amar a su esposa y a sus hijos que por ese entonces vivían en la capital.

Cayó hasta lo más bajo, pero El Creador tuvo un propósito especial con su vida, y las oraciones de su esposa no fueron en vano. Regresó a Lima junto a su familia, fue en una Convención Nacional realizada en el Coliseo Amauta donde pudo recibir la Palabra de Dios y aceptar a Cristo como su Señor y Salvador.

Actualmente, Jorge y su esposa viven felices sirviendo al Señor como pastores de la congregación en Canto Rey – Lima.

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