Rev. José Arturo Soto

“Cuando vio Balaam que parecía bien a Jehová que él bendijese a Israel… puso su rostro hacia el desierto”, Números 24:1.

LA VOLUNTAD DE DIOS ES MAYOR QUE LOS DESIGNIOS Y CAPRICHOS HUMANOS

“Cuando vio Balaam que parecía bien a Jehová que él bendijese a Israel, no fue, como la primera y segunda vez, en busca de agüero, sino que puso su rostro hacia el desierto; y alzando sus ojos, vio a Israel alojado por sus tribus… Benditos los que te bendijeren, y malditos los que te maldijeren”, Número 24: 1-9.

Balaam, un hombre raro en el sentido de su aparición y de su aparente ministerio espiritual. Balac, era rey de Moab, en cuyo pueblo pesaba el juicio de Dios, su origen mismo es indigno, porque surgió de los lomos de Lot y sus dos hijas, de ellas salieron dos pueblos: Moab y Amón (Génesis 19:30-38).

Balaam es denominado un profeta, en alguna medida profetizó, no era un tiempo de ministerios de profetas; era el tiempo del ministerio de Moisés, de este gran caudillo que se le dio una serie de virtudes y que se vieron reflejados en la dirección del pueblo de Israel desde la salida de Egipto hasta acercarse a la tierra de Canaán.

¿De dónde era este Balaam? Era de Mesopotamia, de Aram, de Siria, de los territorios de Madián. Este es contratado por el rey Balac para un trabajo especial, ¿cuál es el trabajo especial que quiere hacer Balac con este seudo profeta? Pues nada menos que maldiga al pueblo de Israel.

Iniciando desde Abraham la voluntad de Dios para su pueblo fue bendecirlo, leemos: “Y haré de ti una nación, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”, Génesis 12:2-3.

El rey Balac le envía una comitiva, gente importante del gobierno. “Por tanto, envió mensajeros a Balaam… diciendo: Un pueblo ha salido de Egipto, y he aquí cubre la faz de la tierra, y habita delante de mí… te ruego, maldíceme este pueblo… pues yo sé que el que tú bendigas será bendito, y el que tú maldigas será maldito…”, Números 22:5-8.

“Y vino Dios a Balaam, y le dijo: ¿Qué varones son estos que están contigo? Y Balaam respondió a Dios: Balac hijo de Zipor, rey de Moab, ha enviado a decirme: He aquí, este pueblo que ha salido de Egipto cubre la faz de la tierra; ven pues, ahora, y maldícemelo… Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es”, Números 22:9-13.

Balac es informado de la negativa de Balaam, el rey cree que todo hombre tiene un precio, cree que si se le ofrece más entonces accederá. Si antes había mandado los viceministros, esta vez mandó a los ministros, y ofreció más. “Volvió Balac a enviar otra vez más príncipes, y más honorables que los otros… y le dijeron: …ahora, maldíceme a este pueblo”, Números 22:15-17.

“Y Balaam respondió y dijo… Aunque Balac me diese su casa llena de plata y oro, no puedo traspasar la Palabra de Jehová mi Dios para hacer cosa chica ni grande. Os ruego, por tanto, ahora, que reposéis aquí esta noche, para que yo sepa qué me vuelve a decir Jehová”, Números 22:18-19. Ahí está el problema cuando creemos que se puede manipular la voluntad de Dios, cuando creemos que podemos ajustar a Dios a nuestros caprichos y no ajustarnos a las demandas de Dios.

Dios no estuvo de acuerdo en que Balaam vaya a encontrase con el rey Balac. A veces Dios permite cosas o situaciones para probarnos, para ver la profundidad de nuestra sinceridad. Balaam tenía que entender que era un mercenario de las cosas de Dios y un vendedor y un negociante de los talentos y de las virtudes cristianas. Dios no lo veía bien y se lo iba a demostrar.

Balaam no era una invención, Moisés lo mencionó; Josué en su discurso de despedida lo mencionó; Miqueas lo menciona; Pedro lo menciona cuando nos previene de personas parecidas a Balaam, y nos dice: “Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam… el cual amó el premio de la maldad, y fue reprendido por su iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta”, 2 Pedro 2:15-16.

Pero noten que le llama “profeta loco”, hay muchos profetas locos hoy en día que no saben ni para dónde van ni saben lo que dicen. Judas menciona que algunos “se lanzaron por lucro en el error de Balaam” (Judas 11). Y por último el Apóstol Juan nos habla de “la doctrina de Balaam” (Apocalipsis 2:14) la cual rechazamos. Así que no es un accidente, Dios tiene que darle una lección a Balaam, tiene que darle una lección a Balac y tiene una lección que darnos a nosotros.

“Así Balaam se levantó por la mañana, y enalbardó su asna y fue con los príncipes de Moab. Y la ira de Dios se encendió porque él iba; y el ángel de Jehová se puso en el camino por adversario suyo… Y la asna vio al ángel de Jehová, que estaba en el camino con su espada desnuda en su mano; y se apartó la asna del camino, e iba por el campo. Entonces azotó Balaam a la asna para hacerla volver al camino…” (Números 22:21-24). La burrita vio al ángel de Jehová, la burra tenía más visión que el “profeta”.

“Y viendo la asna al ángel de Jehová, se pegó a la pared, y apretó contra la pared el pie de Balaam; y él volvió a azotarla. Y el ángel de Jehová pasó más allá, y se puso en una angostura donde no había camino para apartarse ni a derecha ni a izquierda. Y viendo la asna al ángel de Jehová, se echó debajo de Balaam; y Balaam se enojó y azotó la asna con un palo” (Números 22:25-27).

Ahí va Balaam, pero de pronto su burrita empieza a comportarse extrañamente. Cuando ella vio que el ángel estaba en medio de la angostura y que no hay nada que hacer, se echó y cuando un burro se echa no hay quien lo levante. El profeta loco no entendía lo que sucedía, volvió a azotar a la burra y allí es donde Dios le abre el entendimiento a la bestia, y Balaam entra en una conversación con la asna.

Ese era el momento en que este profeta loco cayera de rodillas y dijera: ¿Qué es lo que está pasando aquí?; hay gente que el Señor le está hablando desde el lunes, martes, miércoles, jueves… hermanos, está hablando el Señor y es bueno que entendamos. Amado, oye la voz de Dios, no se puede seguir el camino a nuestro parecer, Dios nos sale al encuentro y  sabe trastornar los caminos del necio.

Allí mismo, cuando termina ese diálogo Dios le abre los ojos a Balaam y allí estaba el ángel de Jehová con la espada, diciéndole: “¿Por qué has azotado tu asna estas tres veces? He aquí yo he salido para resistirte, porque tu camino es perverso delante de mí. La asna me ha visto, y se ha apartado luego de delante de mí estas tres veces; y si de mí no se hubiera apartado, yo también ahora te mataría a ti, y a ella dejaría viva” (Números 22:32-33).

Dios le dice que su camino es perverso, que es malvado, ahora entendemos por qué se le llama loco a este profeta. Balaam iba a maldecir al pueblo de Israel, por eso es que Dios lo llevó para que viera que a pesar de su deseo, de su capricho, Dios no lo iba a permitir. La Iglesia está predestinada a ir al Cielo aunque el diablo diga que no, pero un individuo puede determinar salir de la iglesia, pero la iglesia como tal va para el Cielo.

Estaba terminando el ministerio de Moisés, y el pueblo entrando en esos reinos, y venciéndolos, y tomando las ciudades y el botín, y se oía por todos lados que Israel venía arrasando con todo. Moisés era su caudillo, no era un guerrero, era un hombre de Dios. Dios le había dicho a Moisés: “No le tengas miedo, porque en tu mano lo he entregado…” (Números 21:34). Israel no peleaba solo, peleaba Jehová el Dios de los ejércitos. Nuestra batalla no es en el plano físico, “pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios…”, 2 Corintios 10:3-6.

El rey Balac sabía que tenía más recursos, eran gente de guerra, organizada, bien parada y atrincherada. Balac se dio cuenta que no podía atacar en el plano material, por eso llamó a Balaam y le dijo: “Ven pues, ahora, te ruego, maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo; quizá yo pueda herirlo y echarlo de la tierra; pues yo sé que el que tú bendigas será bendito, y el que tú maldigas será maldito”, Números 22:6.

Balaam vino para maldecir, y dijo: “De Aram me trajo Balac, rey de Moab, de los montes del oriente; ven, maldíceme a Jacob, y ven, execra a Israel. ¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo? ¿Y por qué he de execrar al que Jehová no ha execrado? Porque de la cumbre de las peñas lo veré, y desde los collados lo miraré; he aquí un pueblo que habitará confiado, y no será contado entre las naciones…”, Números 23:7-10. Y como si fuera poco lo que ve es la multiplicación y el crecimiento del pueblo de Israel como el polvo de la tierra.

Tenemos que decir que el punto principal es el llamamiento a Israel, no se podía maldecir a Israel porque ya Dios los había bendecido. “Entonces Balac dijo a Balaam: ¿Qué me has hecho? Te he traído para que maldigas a mis enemigos, y he aquí has proferido bendiciones”, Números 23:11.

“Y dijo Balac: Te ruego que vengas conmigo… allí me los maldecirás… Y Jehová salió al encuentro de Balaam, y puso palabra en su boca, y le dijo: Vuelve a Balac, y dile así. Y vino a él… y le dijo Balac: ¿Qué ha dicho Jehová? Entonces él tomó su parábola, y dijo: Balac, levántate y oye… Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? He aquí, he recibido orden de bendecir; Él dio bendición, y no podré revocarla…” (Números 23:13-24).

Balaam era un hombre raro, es llamado “adivino” (Josué 13:22), y cuando estaba con Balac buscó encantamientos. Cualquier brujo o adivino que se levante contra la obra de Dios, va a fracasar y va a quedar sujeto al juicio de Dios. Ni adivinación, ni agüero, ni astrología, ni brujería, ni magia negra, ni magia blanca, ni ninguna obra del diablo, porque “más grande es el que está con nosotros que el que está en el mundo”.

Ellos vieron fallas en Israel, el pueblo de Dios no era perfecto, acababa de pasar aquel juicio de las serpientes en el desierto (Números 21:4-9). “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; mas aun, el que también resucitó… el que también intercede por nosotros” (Romanos 8: 33-34). No le hagamos caso al diablo, la sangre de Cristo tiene poder. Dios castiga y disciplina nuestros errores, pero cada vez que venimos a Él entramos a cobijarnos en su misericordia. Que Dios nos encuentre peleando la buena batalla de la fe, que tengamos la disposición de amarle y obedecerle, y habrá victoria.

La tercera vez Balaam dijo: “Lo veré, mas no ahora; lo miraré, mas no de cerca, saldrá ESTRELLA de Jacob, y se levantará cetro de Israel, y herirá las sienes de Moab, y destruirá a todos los hijos de Set”, Números 24:15-17. En esta visión ve a Israel en Canaán, los enemigos derrotados, y disfrutando de las bendiciones en la tierra prometida. Balaam había querido ir a profetizar para que le pagaran. Pero sabemos que el ministerio no tiene precio ni por puestos políticos ni por tesoros de la tierra ni por fama ni por gloria. Lo que se proponía Balac era afectar a Israel, no lo logró; pero el diablo le puso una idea a Balaam y llamó a Balac.

Su camino fue el dinero (vender el ministerio). Su doctrina fue esta, le dijo a Balac: “Que sean las mujeres las de Moab y las de Madián que inviten a los Israelitas a su fiesta idolátrica, y una vez que estén borrachos, oyendo la música estridente, tú vas a ver lo que va a pasar, se van a descarriar, se van a mezclar, y se va a perder la línea de separación entre lo santo y lo profano, y Dios mismo se va a encargar de ellos…” (Números 25:1; 31:16; 2 Pedro 2:15; Apocalipsis 2:14). El error de Balaam fue que creía que Dios podía desechar a Israel, pero se equivocó pues Dios no lo desecharía como nación.

Desde tiempos antiguos Dios no admite la mezcla, la doctrina de Balaam es la doctrina de la mezcla entre el mundo y la iglesia, tenemos que tener cuidado, somos o no somos, pero Dios no puede aceptar que el mundo y la iglesia vayan juntos, ni en la forma de ver la vida, ni en la forma de vestir, ni de oír música, ni de cantar, ni en la forma de ser, el pueblo de Dios es un pueblo separado del mundo, es un pueblo santo. Cuando el pueblo se mezcló fue castigado.

Moisés peleo la última batalla en Madián, y venció a Moab, mataron a los reyes de Madián y como ahí estaba Balaam, llegaron también a sus tiendas y allí lo mataron, así que el profeta loco terminó mal, los profetas locos que no quieren hacer la voluntad de Dios y trastornan a otros, terminan mal. ¡Vamos a vencer a Balac en el nombre de Cristo!, ¡vamos a rechazar a Balaam en el nombre de Jesús! ¡Y vamos a permanecer en la línea que Dios nos ha dado!

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