Luis Danilo Santos es el tercero de siete hermanos, nació en la ciudad de Tarma en Junín, pero la mayor parte de su vida la pasó en La Oroya.
Desde niño aprendió el trabajo duro, la frialdad de su padre quien dejaba a la deriva la economía familiar hacía que su madre y sus hermanos buscaran la manera de sustentarse. Es así que desde pequeño vendió comida desde la madrugada en el terminal de buses de la ciudad.
 
Al llegar a la adolescencia, la agresividad de su progenitor y las malas juntas le dieron paso al vicio del alcohol.
 
Con todo eso, se tornó rebelde. Un día, luego de asistir a una gran fiesta, bebió en exceso, un conocido tuvo que llevarlo a su casa y dejarlo en su puerta prácticamente inconsciente. Sus padres le dieron la paliza de su vida, pero nada cambió.
 
Al ver que no podía dejar las bebidas viajó a Lima para intentar cambiar su vida. Consiguió trabajos eventuales, cosa que lo alejó temporalmente del vicio.
 
Luego de muchos años en Lima, una enfermedad tocaría su cuerpo; presentaba continuas hemorragias, los médicos no le encontraban explicación.
 
Pasado un tiempo tuvo que viajar de emergencia a La Oroya, la noticia de que su madre estaba muy enferma lo hizo regresar.
 
En la ciudad empezó a progresar, pero nuevamente el alcohol lo envolvió. Al retornar de una reunión de amigos, condujo en estado etílico a toda velocidad. Tuvo en accidente aparatoso, su familia llegó hasta el lugar de los hechos y al verlo tendido en el piso pensaban que estaba muerto.
 
 “Lo único que recuerdo fue que el carro chocó en la curva de la carretera con un tráiler, vi una sombra negra que se aproximaba, y en ese momento recordé cuando mi madre nos hacía arrodillar en medio del patio para orar; lo último que dije fue: Dios mío Sálvame”, cuenta Danilo.
 
Al día siguiente, agentes policiales tomaron las declaraciones del chofer del camión quien aseguró: “No sé lo que pasó, sólo sentí que mi vehículo se iba a volcar, vi que el otro auto se metió debajo del tráiler, pero de pronto se movió de arriba a abajo como si alguien lo estuviera sacando de debajo del tráiler”.
 
Danilo no entendía que era la mano de Dios quien lo había salvado.
 
Producto del accidente empezó a acudir a medios de comunicación locales a denunciar la indiferencia de las autoridades en su caso. Fue así que se hizo famoso por sus comentarios, Radio Super AM de La Oroya le abrió las puertas para trabajar como reportero. Pero una terrible enfermedad consumía su vida.
 
Contacto con Dios
En una de sus gira misioneras, el pastor Rodolfo González Cruz viajó a La Oroya, esa noticia también fue propagaba por Danilo en la radio que trabajaba. Pero no estaba en sus planes conocer a Dios.
 
La llegada de la madre de Danilo coincidió con la del predicador a la ciudad, juntos fueron a la campaña y vivió algo increíble.
 
Su madre se entregó al Señor Jesucristo, entregando su casa en La Oroya para que sirva como iglesia del Movimiento Misionero Mundial.
 
Para Danilo no tenía nada de malo que su madre diera su vivienda para que predique la palabra de Dios, pero no quería que se metan en su vida.
 
 “Entrégate al Señor y verás hijo”, le repetía su madre. Fue así que su corazón se doblegó ante Dios. Inmediatamente decidió dejar su trabajo para radicar en Lima.
 
Ya en la capital, una hermana llena del espíritu Santo le envía un mensaje de parte de Dios: “Hijo yo te amo y me alegra que hayas venido aquí. Como yo amo a tus hermanos y a tu madre, así te amo a ti”.
 
Al poco tiempo Dios los bendijo con un terreno, donde levantó su casa propia junto a su familia.
 
Todo parecía ir bien, pero la repentina muerte de su madre hizo que se aleje de la vida cristiana por unos meses.
 
Un milagro
Mientras levantaba el segundo piso de su vivienda, el albañil les exigía más arena, pero como la situación económica no era buena Danilo le pidió que vaya avanzando con el material que había quedado de la construcción anterior.
 

Tras unos días el albañil le dijo: “Ustedes si son de Dios, porque nunca había levantado un segundo piso con tan poco material”. Fue así que sintió que su Padre Celestial nunca lo había abandonado.
 
Sin embargo, su enfermedad se agravaba, casi sin fuerzas llegó al templo, pidiéndole a Dios que lo perdone y que lo sane. Un milagro llegó su vida.
 
Pero los médicos le decían que las hemorragias son indescifrables y le exigían que se opere. Pero las manos celestiales ya habían intervenido en su cuerpo, una nueva vida le esperaba.
 
“Señor tú me has permitido desenvolverme en el campo de la radio, quisiera servirte en los medios de comunicación”, era el pedido de Danilo en constante oración. Fue así que Radio Bethel les abrió las

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