¿Saben ustedes, que cuando se hace una reunión cristiana, una campaña evangelística o un culto al aire libre, quiénes son los primeros que llegan? ¡Los niños!, sí, ellos son los primeros en acercarse, porque los niños son de Cristo, Él es su Salvador y ellos son joyas muy preciosas.

A través de este mensajeel Espíritu Santo se dirige a los padres y nos muestra la realidad de la crisis espiritual y moral en los hogares y las consecuencias terribles y devastadoras que trae sobre los niños y los adolescentes, el mal uso de la televisión y el internet. También nos muestra el acentuado descuido de los padres, quienes son responsables de esta situación. Asimismo, cada línea de este mensaje está impregnado de la voz profunda del Espíritu Santo de Dios: redarguyendo, orientando y enseñando a los padres a usar las armas espirituales que Dios ha provisto para todo aquel que en Él cree y defender, luchar y velar por la moral de sus hijos, por su salud mental y sobre todo por su vida espiritual. Este mensaje nos enseña también a reconocer el gran valor que tienen los niños en el servicio, alabanza y adoración a Dios, la importancia que tienen los niños delante de Dios. Los niños son Joyas de Cristo.

En el Evangelio de Mateo 21:14-16, la Palabra de Dios dice: “Y vinieron a Él en el templo ciegos y cojos, y los sanó. Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo diciendo: ¡Hosanna al hijo de David! Se indignaron, y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí, ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la Alabanza?”

¡Bien lo ha hecho todo!

El ministerio de Jesús, fue un ministerio de señales, de prodigios, de maravillas; dondequiera que Jesús estuvo, Él socorrió a los necesitados: libertó a los endemoniados, sanó a los enfermos, hizo milagros, hizo maravillas. De tal manera que los que le veían y lo escucharon decían: “bien lo hecho todo”, también decían: “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!”(Juan 7:46);  y éste no habla como los escribas, éste no habla como los sacerdotes y los fariseos, éste habla como quien tiene autoridad (Marcos 1:22). “Bien lo han hecho todo, hace a los mudos hablar y a los sordos oír, los ciegos ver, los paralíticos caminar, los muertos resucitar”, eso era lo que comentaba el pueblo y todo esto sucedía porque el Espíritu del Señor Dios Todopoderoso estaba con Jesús, bien dijo Él: “Hoy se cumplen estas Escrituras  y el Espíritu de Dios está sobre mí, para hacer todas estas maravillas”(Isaías 61, Lucas 4:17-21).

Lo que Él hizo, lo reconocieron los líderes religiosos, pero habían algunos que viendo y oyendo se resistían al mensaje de Cristo y a los tremendos milagros que Él hacía.

Aquí en el capítulo 21 del Evangelio de Mateo, observamos que Jesús entró en el templo; había un solo templo, era el de Jerusalén; en aquel tiempo había más de 400 sinagogas, lugares de reunión, donde los Judíos iban a orar y a leer la Biblia; pero el templo era uno solo y allí estaban los sacerdotes por su orden para ministrar en el templo, aunque Jesús también iba a las sinagogas, pero ahora en este pasaje vemos que Jesús va al templo y los sacerdotes estaban allí, vieron que Jesús sanaba a los enfermos que le traían. Ellos no ignoraban los milagros que Jesús hacía por toda Judea y Galilea; todo lo que ocurría en la tierra de Israel, en el ministerio de Jesús, llegaba a los oídos de los sacerdotes que representaban al pueblo de Dios en ese tiempo, ellos se creían los dueños únicos de la verdad, pero vemos que ellos no entendían.

Tenían la Ley de Dios, tenían las Escrituras, conocían la ley, predicaban las Escrituras; pero no entendían a quién tenían delante de ellos. Bien dijo el Señor que no hay peor ciego que el que tiene ojos y no quiere ver, no hay peor sordo que teniendo oídos y no quiere oír (Mateo 15:13-14). ¡Ese es el peor ciego y el peor sordo!, así estaban estos sacerdotes que tenían las profecías, que tenían las revelaciones del Mesías, que sabían de los milagros y prodigios (Juan 9:40-41), como también muchos de ellos se acercaron a Cristo y le dijeron: “Sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él”(Juan 3:2), “sabemos que tú eres un profeta grande y poderoso, que tú eres grande, porque si no, tú no podrías hacer las cosas que haces”. Vemos entonces que el pueblo lo reconocería, miles de religiones lo reconocían, muchos con miedo y temor iban a Él de noche, así como Nicodemo y otros, que escondidos seguían al Maestro, disfrazados, cubriendo sus rostros para no ser reconocidos, pero querían oír al Maestro, querían comer la Palabra viviente.

Años más tarde la historia se repite con Saulo de Tarso, que perseguía a los cristianos, siendo este un gran religioso, no entendía, era muy fiel a su religión, pero no era fiel a Dios, no entendió hasta que el Señor Jesucristo se le manifestó. ¡Gracias a Dios por su don inefable! Estas manifestaciones sobrenaturales son los que hacen entender a los hombres este camino que muchos no entienden y no pueden comprender.

Retomado el Evangelio de Mateo, capítulo 21, la Biblia dice que en aquel día, fue aclamado en templo por los hombres que estaban allí, pero muy especialmente por los niños.

¿Saben ustedes, que cuando se hace una reunión cristiana, una campaña evangelística o un culto al aire libre, quiénes son los primeros que llegan? ¡Los niños!, sí, ellos son los primeros en acercarse, porque los niños son de Cristo, Él es su Salvador y ellos son joyas muy preciosas.

Podemos observar en Mateo 19:14, que los propios discípulos del Señor altercaban con los padres para que los niños no vinieran y no molestaran al Maestro. Entonces Jesús les dijo:“Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino Dios” (Lucas 18:16). ¡Gloria a Dios!

Jesús bendice a los niños

Jesús bendecía a los niños poniendo sus manos sobre ellos (Marcos 10:13,16) porque esto fue establecido en la ley desde mucho tiempo atrás. Jesús nunca bautizó a un niño, ni los apóstoles tampoco lo hicieron, porque el bautismo es para los que se arrepienten, léase Hechos 2:38 y para el que cree, léase Marcos 16:16. Entonces, el bautismo es para las personas “adultas”que pueden “razonar”según las Sagradas Escrituras.

Cuando los niños se mueren se van con Cristo, a los niños no hay que bautizarlos para que sean salvos.

También vemos que Jesús cita una porción de las Escrituras, Salmo 8:2, que dice: “De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza”. Porque los niños son criaturas con una mente sana, no tienen odio, no tienen rencor, no tienen amargura en su corazón. Los niños tienen un corazón dispuesto para amar y para perdonar. Los niños son de Cristo. ¡Alabado sea el Señor!

La alabanza perfecta

La cita central, la Palabra del Señor dice que Jesús también hizo milagros y prodigios en el templo. Los niños lo vieron y lo creyeron, pero los sacerdotes se pusieron molestos y coléricos, rechazaron cuando las personas y los niños aclamaban a Jesús y decían: ¡Hosanna el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna al hijo de David! Al oír esto, los religiosos se molestaron y le dijeron a Jesús: ¿No escuchas lo que te están diciendo estos niños? , ¿no estás oyendo? Estaban encolerizados, estaban molestos, porque Jesús estaba contento de oír a los niños decir: ¡Gloria a Dios! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! Los sacerdotes estaban muy airados con Jesús, pero el Maestro estaba contento.

No importa que los hipócritas se estén comiendo el hígado, ¡Jesús está contento!, no importa que los mentirosos estén queriendo hacer daño, no importa. ¡El Señor está contento! ¡Aleluya!

Había alabanza, había adoración; lo que no hacían los religiosos hipócritas, líderes. Ellos no alababan, ellos no adoraban, ellos no reconocían al Hijo de Dios, pero los niños le reconocieron y a todo el que lo reconozca y todo aquel que le exalte a Él y lo alabe será amado por Él y por el Padre Celestial (Juan 14:21), y será hecho hijo de Dios.

Y el Señor les recordó a esos maestros de la Biblia lo que dice la Escritura (Salmo 8), acerca de los niños y el Señor les enseñó a los maestros de la Biblia aquello que no recordaban, que la alabanza perfecta sale de los corazones, como los corazones de los niños. El Señor estaba contento porque los niños le estaban alabando y adorando.

La Palabra de Dios en el corazón del niño: ¡Una bomba de poder!

Los niños pueden creer las Escrituras fácilmente porque para ellos es posible por su espíritu dócil, cuando les cita la Biblia y se les dice algo de Dios, los niños lo creen, los niños lo aceptan. Hay personas que no aceptan la Biblia, hay personas que dicen: “yo no creo eso”, pero a un niño le cuenta alguna cosa y ellos enseguida lo aceptan. Y todo el que cree se llena de fe, porque la fe viene por creer, y por supuesto creer lo que la Biblia dice (Romanos 10:17). Por eso cuando a los niños se les presenta  la Palabra de Dios y se les enseña la Biblia, entonces ellos lo creen, por eso el Señor dijo que es necesario instruir a los niños (Proverbios 22:6). “Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes es tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes”(Deuteronomio 11:19). Hay que instruir al niño.

Una congregación que tiene niños instruidos por sus padres, cuando los profesores intenten enseñarles doctrinas erradas, como ha sucedido, entonces los niños han respondido: “¡No, eso no es así, la Biblia dice así!”, y le han citado la Biblia  a sus profesores y compañeritos en la escuela. Esos niños están alabando al Señor, están exaltando la Palabra de Dios y el Señor se agrada de eso. Hay que seguir trabajando con los niños, hay que seguir enseñándoles a los niños, hay que tener carga por los niños y especialmente que los padres enseñen y expliquen a sus hijos.

El Señor quiere que los niños le alaben, que los niños le proclamen en el templo, en las casas, en el colegio.

Hay que tener preocupación por los hijos. Instrúyalos, enséñele La Palabra de Dios por la mañana, a mediodía, en la tarde, en la noche, al acostarse, al levantarse. Enséñele, háblele de lo grande que es Dios, las cosas que Dios ha hecho desde el principio, las cosas que Dios ha hecho a través de la historia. ¡Alabado sea el Señor Dios Todopoderoso!.