Rev. Rubén Concepción

“Pero Jehová había dicho a Abraham: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”, Génesis 12:1.

Cada organización tiene una misión, tiene una visión, un propósito y unos objetivos, ninguna organización trabaja desorganizadamente, tampoco puede estar improvisando. La Obra tiene una visión, pero uno no puede ampliar la visión de la Obra; por eso está la visión de la Obra y está la visión del visionario. La Obra no va a ampliar la visión, es el visionario que ha recibido la visión, él es el que va a ampliar su visión para poder observar y tener una perspectiva más clara.

Esta visión de la Obra es sólida, y no tan sólo es una visión, sino también una misión. No siempre se puede mirar los campos, tenemos que tener una misión, porque no es sólo el ver, sino el hacer. La misión trae sacrificio, la misión conlleva compromiso, la misión demanda una entrega total. Hay una misión que realizar, hay una labor que hacer, por tanto una misión tiene que tener una comisión. Pero alguien comisiona, ¿quién es el que comisiona? ¿El supervisor o el presidente? ¡No! El que comisiona es el Señor. Tengo visión, tengo misión, tengo una comisión, por lo tanto, necesito un eslabón para poder moverme hacia el propósito de Dios, y eso se llama el método. Debemos tener un método para poder alcanzar el objetivo.

Dios nos ha llamado no para ser seguidores, sino para ser líderes, porque el líder ve hacia el futuro, el líder mira a la distancia, el líder puede levantar la mirada ahí donde está el desafío, el líder es el que sueña. El verdadero líder está mirando el próximo año, la próxima década y hasta la próxima generación. La visión de esta Obra no se entierra con los líderes, murió el Rev. Ortiz, pero la visión no murió, la visión continúa.

Así que uno tiene que dejar de ser un seguidor y convertirse en líder, y como líder ver hacia el futuro, para ser líder no necesitamos que nos nombren, un líder es aquel que tiene capacidad de poder llevar a cabo los proyectos de Dios, lo nombre la gente, le den un título o no, es un hombre y una mujer que no está detrás de los puestos, sino que está en la disposición de servir al Señor.

Jehová había dicho a Abraham: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”. Abraham cuando recibe estas palabras aprovechó el momento, no estaba mirando los desafíos, pero sí aprovechó las bendiciones. Dios le dijo que dejara las comodidades del hogar, que dejara a sus parientes y todo lo demás. No era fácil responder a ese compromiso con Dios, pero Abraham lo dejó y entró en el propósito de Dios, así pudo entrar a nuevas experiencias, apartado de las ataduras del pasado. A veces el pasado nos detiene, porque el pasado se convierte en un peso tan fuerte que hay gente detenida en su presente; y qué triste es que pasen los días y pasen los años y uno detenido dando vuelta en lo mismo, haciendo lo mismo; por eso hay pastores, iglesias que están detenidos porque siguen haciendo lo mismo.

Dios le da la esperanza a Abraham de ser padre de una nación, y no solamente de una nación, sino que se convertiría en padre de muchas naciones. Por lo tanto Abraham sintió la necesidad de seguir esta gran visión, Jehová le había dicho: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”. No se le dio una dirección específica, solamente una visión.

Observamos en la experiencia que vive Abraham y lo que pudo pasar como proceso de Dios para alcanzar el objetivo del Señor, de convertirse en padre de naciones, observamos lo siguiente: 1) Una visión debe empezar con las prioridades de Dios, 2) la visión debe conectarse con la identidad del líder, 3) la visión tiene que incluir a otros, 4) la visión tiene que ser más grande que el líder, 5) la visión de Dios tiene que conectarse con las convicciones más profundas que tiene el líder, 6) la visión tiene que ser tangible y fácil de comunicarse, y 7) la visión tiene un valor eterno.

1°) UNA VISIÓN DEBE EMPEZAR CON LAS PRIORIDADES DE DIOS

La visión debe comenzar con las prioridades de Dios, en el libro de Génesis 12:1-2, leemos: “Pero Jehová había dicho a Abraham: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”. ¿Quién da inicio a la visión? La visión no se inicia en los hombres, la visión no se inicia en una organización que está registrada en algún país, la visión la inicia Dios. Dios inició la visión en Abraham, la visión del Movimiento Misionero Mundial no se inició en el Rev. Luis M. Ortiz, la visión la inició Dios. Por eso hay que empezar con las prioridades de Dios.

Hoy la gente ve esta Obra, del Movimiento Misionero Mundial, fuerte, poderosa, considerada en el mundo como una de las primeras obras de habla hispana con un crecimiento extraordinario. El que ahora ve la Obra piensa que cayó del cielo y se está olvidando de las raíces del sacrificio, de la entrega; y hasta piensan que esto es un negocio, pero esto no es un negocio de nadie, esto es la visión de Dios. Esta visión no es de los hombres, esta es la visión iniciada por Dios en el corazón de los hombres. Por eso es que esta Obra se ha podido sostener a través de tantos golpes y desafíos, se ha mantenido porque el que inició la visión es el mismo Dios, y la visión se la dio al Rev. Ortiz y ahora él está en la presencia del Señor, pero la visión continúa, porque es la visión de Dios.

Dios inició la visión no fue Abraham. Y el día que el Señor lo necesite hay que entregárselo porque es de Él. Es fácil entregar un pollino, pero difícil entregar una estructura poderosa. Así que cuando los líderes empiezan con la visión de Dios, ellos pueden mantenerse en curso y pueden seguir con motivos puros, cuando la visión es iniciada por Dios, Dios comienza a bendecir la Obra. Esta Obra comenzó con esfuerzo y sacrificio, ¿por qué ha crecido hasta esta magnitud? Ha crecido porque los que están al frente de la Obra mantienen el mismo curso, por allá dicen que hemos cambiado, cambiarán los hombres, pero la visión no ha cambiado.

Así que cuando la visión es iniciada por Dios, el hombre de Dios se mantiene con pasos firmes y puros, porque en medio de tanta bendición, los hombres se dañan, porque mientras más alto uno está más fuerte soplan los vientos. Dios ha llevado a esta Obra a unos niveles tan altos que hay que tener cuidado, hay que caminar firmes, no podemos improvisar, con la Obra de Dios no podemos jugar, la Obra es seria. Hay que dar pasos seguros, esto no es del que más corre, esto no es del que más avanza, esto no es del que más brinca y salta, esto es del que camina firme y seguro, y da pasos en la voluntad de Dios.

2°) LA VISIÓN DEBE CONECTARSE CON LA IDENTIDAD DEL LÍDER

Esa visión de Dios tiene que estar conectada, tiene que concordar con el líder. Cuando Abraham recibió la visión fue exacta para él y para Sara, Dios no le dio una visión para Abraham y otra para Sara. El llamado no puede destruir hogares, hay los que salen corriendo y dejan familias y lo dejan todo; y cuando se encuentran con la realidad del campo, se va a encontrar con la soledad, con la crisis; pero cuando entendamos que el que nos ha llamado es fiel y verdadero, estaremos en el campo no importando la realidad.

La visión tiene que conectarse con la identidad del líder, tiene que concordar con las necesidades y los deseos del líder, porque Abraham y Sara tenían necesidades y deseos, era una pareja estéril, y Dios se les reveló y les dijo: “Yo sé que eres estéril, pero antes de trabajar con este asunto, yo sé que tienes deseos, pero permíteme meterte en mi visión, y yo me voy a encargar de tus deseos, yo me voy a encargar de hacer mi voluntad en tu vida, yo me voy a encargar de hacerte fértil”.

3°) LA VISIÓN TIENE QUE INCLUIR A OTROS

La visión no puede ser la visión de un hombre, porque el hombre se puede convertir en lo que llaman “el hombre orquesta” y saben ¿cuántos hombres orquestas han dejado de sonar? Por lo tanto hay que incluir a otros en esta visión. Tiene que haber un espíritu de unidad en la Obra, no de competencia, no es decir cuál es el país más grande o el más alto, cuando a uno lo convoquen para un lugar ahí debe estar. Cuando alguien se levanta contra alguno de la Obra yo me paro como león a defender al hombre o a la mujer de Dios, yo no puedo permitir que alguien destruya el testimonio de uno de mis compañeros, si lo permito, mañana lo harán conmigo, puedo tener diferencias en cuanto a métodos se refiere, pero esta visión la tengo que compartir, tengo que defenderla con todas mis fuerzas.

En la visión hay que incluir a otros, porque la visión de Dios involucra y bendice a otros. No puedo trabajar para que Dios me bendiga, yo tengo que sembrar y transmitir en otros, y motivarlos para que también Dios los bendiga. Dios ha bendecido la Obra y cada país tiene una forma como Dios la está usando, hay países que son la fuerza económica, hay países que son la fuerza de las comunicaciones, hay los que tienen la fuerza de la teología, de la enseñanza de la Palabra, hay los que tienen el recurso humano; y no son competencia porque tiene que unirse, tiene que unirse el recurso económico, tienen que unirse a las comunicaciones, tiene que unirse el recurso humano, tiene que haber una unidad de espíritu, no puede haber una competencia, no puede decir uno porque yo tengo el recurso humano yo soy el que controlo, no mi amado, todos son importantes, todos son necesarios.

4°) LA VISIÓN TIENE QUE SER MÁS GRANDE QUE EL LÍDER

Nunca el líder puede ser más grande que la visión, la visión tiene que ser más grande que el líder. Abraham quería ser el padre de un hijo, mientras que Dios quería que él fuera el padre de muchas naciones; hay gente conformista esperando una cosa nada más pero Dios quiere darle muchas cosas. Hay obreros que se conforman con lo que tienen y dicen estar en victoria, pero por qué conformarse con poco, si otras misiones alcanzaron grandes logros y no tienen la esencia ni la excelencia de la Palabra; por qué quedarse en un rincón si podemos estar en un lugar estratégico para que otros puedan conocer al Señor, no se conforme con poco cuando Dios quiere darle grandes cosas.

Es importante saber que no es la visión del líder, porque cuando se muere el líder ahí quedó la visión. Pero cuando la visión es más grande que el líder, el líder dice: “ya no puedo seguir”, como cuando David le dijo a Salomón: “Yo sigo el camino de todos en la tierra” (1 Reyes 2:2), David le está diciendo a su hijo Salomón que se va a morir; y le sigue diciendo: “esfuérzate, y sé hombre” (v. 2b), le está diciendo que se mantenga firme, porque se le está confiando una gran visión.

Nosotros hemos recibido una visión grande, se murió el líder, pero no se murió la visión. La visión es más grande que el líder, la visión de la Obra es muy grande. Hay que ver más allá. Hay líderes que enferman al pueblo hablándole de crisis y problemas, así están enfermando al pueblo. El siervo del profeta Eliseo cuando vio que estaban rodeado de un gran ejército, y sitiaron la ciudad, con gente a caballo y carros, dijo: “¡Ah, señor mío! ¿qué haremos? Él (Eliseo) le dijo: no tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea…” (2Reyes 6:15-17).

Dios va a enviar a muchos a otras naciones, no podemos tener la visión de Samuel, porque Samuel veía lo externo, tenemos que tener la visión de Dios que ve el corazón de los hombres, Dios ve la pureza, ve la sinceridad, ve el sacrificio, ve la humildad, ve el trabajo.

5°) La visión de Dios tiene que conectarse con las convicciones más profundas que tiene el líder

El líder debe tener convicciones profundas en cuanto al trato y al llamado de Dios se refiere, porque hay personas que no tienen convicciones claras y le prestan oído a cualquier cosa. Existen noticias o cosas nocivas a las que debemos cerrar nuestros oídos, porque si se les permite, pueden entrar a su ser y dañar su espíritu, por lo tanto, tenemos que aprender a cerrar los oídos. Hay cosas que no debemos estar escuchando, aquello que trae violencia, que trae disensión, discordia en medio del pueblo, no debemos escucharlo. Hay que tener convicciones profundas.

“Entonces dijo: De cierto volveré a ti; según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, que estaba detrás de él. Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres. Se rió, pues, Sara entre sí… Entonces Jehová dijo a Abraham: Por qué se ha reído Sara diciendo: ¿Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja? ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo. Entonces Sara negó, diciendo: No me reí; porque tuvo miedo. Y él dijo: No es así, sino que te has reído”, Génesis 18:10. Dios le hace una promesa a Abraham, y él debe tener convicciones claras. Cuando hablo de convicciones, no simplemente hablo de estar convencido, es tener una convicción de creerle a Dios.

6°) LA VISIÓN TIENE QUE SER TANGIBLE Y FÁCIL DE COMUNICARSE

No puede ser una visión que la gente no entienda, muchas veces si el sonido de nuestras actividades no está claro la gente no entiende lo que se habla, por lo tanto, se da una palabra pensando que entendió el pueblo, pero como no estaba diáfano el sonido no lo entendió el pueblo. La visión tiene que ser tangible y fácil de comunicarse, Dios habla claro. Dios le habló a Abraham claro y le dijo que mirara las estrellas del cielo y la arena de la orilla del mar, leemos en la Biblia: “De cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como la estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar” (Génesis 22:17).

Hay momentos que Dios tiene que alzar su voz para hablarnos porque estamos un poco distantes de Él, pero a veces el Señor ya no grita, sino lo que quiere es hablarte al oído, ¿y cuándo es que Dios habla al oído de su siervo? Cuando su siervo pasa por el momento más crítico, donde la visión puede que esté un poco nublada, la visión del visionario, y me refiero al caso de Elías cuando estaba en un momento de crisis se metió en la cueva, y estando allí hubo revelación de vientos, de terremoto, de fuego, pero dice la Escritura que ahí no estaba la presencia de Dios, Dios quería hablarle al oído, entonces el Señor como nos ama tanto y amaba tanto a su siervo, vino y le habló, le susurro al oído, en el silbo apacible (1 Reyes 19:11-13), llega el momento que el Señor quiere hablarnos y hay que tener el oído presto a escucharlo.

Tenemos que tomar la postura de una mujer llamada Ana que se fue delante de la presencia de Dios, apenas abría sus labios, pero su alma gritaba en la presencia del Señor para que Dios se acordara de ella (1 Samuel 1:9-18). También Jesús estando en la agonía del Getsemaní necesitaba oír la voz del Padre (Mateo 26:39). Todos ellos querían salir de esa experiencia siendo diferentes, con una visión amplia.

7°) LA VISIÓN TIENE UN VALOR ETERNO

La visión tiene valor eterno, no es una visión por un tiempo. “Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él. Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una gran nación” (Génesis 17:19-20). La visión de Abraham fue más allá de una tierra, incluyó riquezas, grandes bendiciones, la visión afectaría el destino de otras personas.

La visión de Jesús trasciende, se proyecta más allá. “Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas” (Marcos 6:34). Jesús vio a la multitud como ovejas sin pastor. Hoy por hoy hay muchos líderes pero pocos pastores, hay muchos administradores del altar, pero pocos pastores, porque el pastor tiene que tener la capacidad de conocer y de entender las ovejas. Un pastor es uno que se entrega, que va caminando y llevando las ovejas al mejor lugar. Hay muchas ovejas sin pastor, y una cosa es figura y personaje de pastor y otra es tener corazón de pastor; hay quienes visten hasta como pastor, pero no tiene corazón de pastor, no tienen compasión por las ovejas, las golpean, las maltratan, no le dan el alimento a tiempo, no cuidan de ellas, le están sacando la lana continuamente, las dominan, piensan que son unos dictadores y aquí no necesitamos el estilo de un militar, aquí necesitamos que sean pastores que cuiden el rebaño, que tengan el estilo de Jesús, el buen pastor que da su vida por las ovejas.

Uno tiene que sujetarse a su pastor, no puede ser autosuficiente, y si tiene una necesidad uno no va a cualquier persona, sino que va donde su pastor.  Jesús vio la multitud y la vio como ovejas sin pastor, entonces dijo a sus discípulos: “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:37-38).

Jesús vio los dolores de la cruz, porque qué lindo es hablar de la cruz, pero el efecto de la cruz es algo poderoso. Cuando Él ve los dolores de la cruz, cuando ve la agonía de su alma, Jesús va delante del Padre y le dice: “Padre yo sé que la hora ha llegado pero esto es doloroso, esto es difícil”. Hay los que presentan el Evangelio como si fuera cualquier cosa, algunos toman el ministerio como si fuera cualquier ocupación, pero debemos entender que esto es una entrega. Y ahí estaba el Señor en la agonía de la cruz y antes de llegar a esa cruz dice: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26:38). No se crea el súper espiritual, saque eso de su mente, hay angustia, hay amargura del alma, hay heridas profundas, luchamos todas las noches con cosas que golpean nuestro ser y necesitamos la sanidad, necesitamos el bálsamo, necesitamos del Señor.

Jesús viendo los dolores de la cruz, le dijo al Padre: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa” (Lucas 22:42), está diciendo Padre ya no puedo más, por eso no vamos a pensar que no sirve. Si Jesús dijo no puedo más, quiénes somos nosotros para tratar de demostrar fortaleza cuando no hay ninguna, Él dijo: “no puedo más Padre, pasa de mí esta copa”. Era el punto culminante de la rendición de la voluntad del Hijo al Padre y en ese punto culminante dice: “Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (v. 42b). Cuando Jesús vio los dolores de la cruz no salió corriendo, ni le echó la culpa al diablo, sino que afirmó su rostro y siguió adelante.

Aunque vino la adversidad Jesús fue fuerte, afirmó su rostro, y dijo: “muerte yo soy tu muerte”, y afirmando su rostro caminó al calvario firme y seguro que iba a alcanzar la redención nuestra y entregó su vida por nosotros. Después de los dolores de la cruz vio linaje, no vio las cosas en derrota, vio su entrega en la cruz en victoria y dentro de ese linaje te vio a ti, nos vio a nosotros.

La Biblia dice que Jesús vio los campos blancos listos para la siega y dijo: “Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores” (Juan 4:38); alguien sembró con lágrimas, alguien sembró con sacrificio, hermanos los campos están listos, las naciones están dispuestas, porque hubo uno que sembró con sacrificio y lo dejó listo para la siega, listo para la cosecha.

Ese es el criterio de una visión dada por Dios, no es la visión de lo hombres. Tenemos que decirle al Señor amplia mi visión para entender la visión de esta Obra. La Visión que Dios le ha dado a esta Obra no es la visión de un hombre, sino la visión de Dios. Al visionario que Dios le amplíe la visión.

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