Rev. Luis M. Ortiz
 
 La Biblia repite constantemente una frase, que es, precisamente la clave principal de todas. Esa frase es: “Y dijo Dios”. Sobre esto mismo se escribió: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la Palabra de Dios” (Hebreos 11:3).
 Hace algún tiempo, leí en la prensa diaria un artículo cuyo contenido lo considero mucho más trascendental que el hecho de que el hombre haya llegado a la luna. El título del artículo es como sigue: “Falta un día entero desde la formación del universo”.
 
 Y deseo insertar este interesante artículo, y citamos: “La historia trata de un día que falta en el tiempo y que descubrió y narró Harold Hill, presidente del Curtis Engine Company de Baltimore, Maryland, y consultor en el programa espacial. El Señor Hill dijo que creía que una de las cosas más asombrosas que Dios tiene para nosotros hoy, le ocurrió a nuestros astronautas y científicos del espacio en Green Belt, Maryland. Ellos intentaban determinar la posición del sol, la luna y los planetas al pasar cien años y al pasar mil años. Para poder determinar las posiciones futuras tendrían que saber cuáles fueron sus posiciones en el pasado.
 
 Averiguaron cuales fueron las posiciones durante los siglos pasados y de momento se detuvieron. Las computadoras señalaron que algo andaba mal, o con la información sometida o con los resultados obtenidos faltaba un día en la historia del tiempo. Los científicos estaban confundidos. No había una contestación.
 
 Uno de ellos recordó un comentario tocante al sol en la Biblia. Al investigar encontraron en el libro de Josué una oración bastante ridícula para cualquiera con “sentido común”. De acuerdo con las Escrituras, Josué estaba preocupado porque estaba rodeado de sus enemigos y al llegar la noche lo vencerían, como resultado, él le pidió a Dios que hiciera que el sol se detuviera. Pues, el sol se detuvo en medio del cielo, y no bajó por casi un día entero (Josué 10:13). ¡Se había encontrado el día que faltaba!
 
 Al regresar las computadoras a la fecha que Josué había escrito la oración, encontraron que sus cálculos casi estaban correctos. El tiempo que había transcurrido para el tiempo de Josué fue de 23 horas y 20 minutos… no fue un día completo. Volvieron a leer las Escrituras y encontraron que decía: “aproximadamente un día completo”. Aún no podían explicar lo que sucedió con los restantes 40 minutos porque al proyectar las órbitas en el espacio este tiempo se multiplicaría.
 
 Otra vez la misma persona se acordó de que en algún otro sitio en la Biblia decía que el sol caminó hacia atrás. En el segundo libro de los Reyes, capítulo 20, Ezequías, en su lecho de muerte, fue visitado por el profeta Isaías, a quien le pidió una señal como prueba. Isaías dijo: “¿Avanzará la sombra diez grados, o retrocederá diez grados? Y Ezequías respondió: Fácil cosa es que la sombra decline diez grados; pero no que la sombra vuelva atrás diez grados” (2 Reyes 20:9-10). ¡Diez grados hacia atrás son exactamente 40 minutos!… 23 horas y 20 minutos en Josué, además de 40 minutos en el Segundo Libro de Reyes, constituyen las 24 horas que faltan en los cálculos espaciales como el día que falta en el universo”.
 
 Amigos, aquí una vez más la ciencia ha tenido que recurrir a la Biblia, la Palabra de Dios, para resolver sus problemas científicos. ¡Es que nada en la vida, en la muerte, en la creación, en el espacio, en el tiempo y en la eternidad halla explicación aparte de Dios y su Palabra! En este artículo mencionado, vemos cómo la Biblia resolvió el problema científico revelado por las computadoras, sobre la falta de un día entero desde la fundación del mundo. ¡Es que la fuente de la verdadera ciencia es la Palabra de Dios!
 
 En el relato bíblico sobre el origen del universo, del mundo, del hombre, y de la vida en todas sus formas la Biblia repite constantemente una frase, que es, precisamente la clave principal de todas. Esa frase es: “Y dijo Dios”. Esto es, todo vino a la existencia y a la vida por medio de la Palabra de Dios. Sobre esto mismo el apóstol Pablo escribió: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la Palabra de Dios” (Hebreos 11:3).
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