La convulsión de Oriente Medio no ha impedido que decenas de miles de cristianos del mundo se dirijan a Jerusalén para vivir una Semana Santa austera e intensa, justo en la raíz del Nuevo Testamento.
 
 Durante las próximas dos semanas, Jerusalén se verá inundada de peregrinos de distintas confesiones cristianas, que acudirán a vivir la Pascua en su epicentro bíblico.
 
 “Este año hay una gran diferencia con respecto al 2011 y es que no coinciden la Pascua católica y la ortodoxa, lo que será un alivio porque las procesiones podrán celebrarse con mucha más calma”, explicó a Efe el vicecustodio de Tierra Santa, padre Artemio Vítores.
 
 Los greco-ortodoxos, rama mayoritaria del cristianismo local que sigue una Cuaresma más estricta, celebran en esta ocasión la Semana Santa siete días después de los católicos, que celebran su Domingo de Resurrección cuando los primeros festejen el Domingo de Ramos.
 
 En total, el Ministerio israelí de Turismo espera la llegada en todo abril de unos 300.000 turistas, un 5 por ciento más que el año pasado, de los que unos 125.000 serán cristianos.
 
 Con Siria descartada y Egipto en plena y convulsa transición, la efervescencia en la región afecta al turismo en Israel y a los territorios palestinos ocupados en dos direcciones opuestas.
 
 Oasis en medio de conflictos.
 
 Por un lado crea la impresión de que viajar a cualquier punto de Oriente Medio puede ser peligroso y, por otro, “rebota” hacia las relativamente estables Israel y Palestina turistas y peregrinos que ven cerradas otras puertas en la zona.
 
 Entre los católicos, Vítores apunta a unos 25.000 a 30.000, con importante presencia de peregrinos de Europa Oriental y de países asiáticos como Japón o India, y un descenso del número de españoles.
 
 “La crisis económica, sin duda, ha afectado. Hay que tener en cuenta que pasar aquí Semana Santa cuesta a un español por lo menos unos 1.300 o 1.400 euros y la mala situación económica sin duda está influyendo. Las agencias en vez de traer grupos de cincuenta personas traen grupos más reducidos, con alrededor de una veintena de peregrinos”, explica.
 
 Una parte importante del resto de los 300.000 serán judíos que vienen a celebrar, en la mayoría de los casos con sus familias, el Pesaj, la Pascua judía, que coincide en el calendario, precisa a Efe Uri Sharón, encargado del turismo religioso en el Ministerio.
 
 El Domingo de Ramos marcará el inicio de la Pascua, con el descenso desde la Iglesia de Betfagé, una aldea palestina en la ladera del Monte de los Olivos, que en tiempos de Jesús estaba fuera de la ciudad, en una marcha de claro carácter festivo con palmas y ramos de olivo.
 
 “Es el momento más espectacular o el más sentido por la gente”, señala Vítores.
 
 La tradicional procesión de los scouts sufrirá este año una variación, ya que la Alcaldía no permite que atraviese las murallas de la ciudad vieja por la Puerta Nueva porque supondría suspender momentáneamente el funcionamiento del tranvía, que aún no operaba en anteriores Pascuas, agrega.
 
 El lugar de la Última Cena y el Monte del Calvario, que alberga la Basílica del Santo Sepulcro, serán los puntos de peregrinación el jueves y viernes Santo.
 
 En la noche del jueves los scouts se dirigen al Huerto del Getsemaní, escenario de la pasión de Jesús, que sabe ya su destino, iluminando la oscuridad con antorchas.
 
 El momento álgido de la Semana Santa para peregrinos y la menguante minoría cristiana local será el recorrido del Vía Crucis por la Vía Dolorosa, siguiendo los pasos de la Pasión de Cristo antes de su crucifixión el Viernes Santo, una procesión alejada de extravagancias en la que prima la austeridad.
 
 Vítores resume los motivos que llevan a tantos a destinar su tiempo y dinero a una Pascua en Jerusalén: “A la gente le parece todo más real cuando ve y toca. Y en Tierra Santa puedes ver, tocar, la realidad se hace más concreta y la fe más fuerte. Creo que eso es lo que busca el peregrino. Aquí en Semana Santa se conjugan tiempo y espacio: es aquí y es hoy, y eso es muy importante”.