“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él”, 1 Tesalonicenses 4:14.
 
 La resurrección de nuestro Señor Jesucristo es la base y el fundamento del cristianismo, sin resurrección el cristianismo sería otra religión vana, humana e inoperante. Jesús está vivo, en este mismo instante en que usted está leyendo esta reflexión, Jesús está vivo y sentado a la diestra del Padre. Pero, lo más maravilloso de la resurrección de Cristo es que Él no es el único que resucitó, sino que nosotros también pasaremos por esta misma experiencia de la resurrección.
 
 Espiritualmente, nosotros ya hemos resucitado con Él: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Colosenses 3:1); “(…) sepultados con Él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con Él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos” (Colosenses 2:12). Observemos las palabras del apóstol Pablo: habéis resucitado, fuisteis resucitados. Los verbos están conjugados en pasado, lo que indica que el apóstol está hablando de algo que ya ha sucedido; y esto establece claramente que la resurrección se recibe primeramente por la fe en Cristo y es esa fe la que determina la resurrección futura del cuerpo.
 
 Desde el día cuando aceptamos a Jesús como el Salvador y Señor de nuestra vida, hemos resucitado, hemos pasado de muerte a vida. ¡La mayor parte de nuestra resurrección ya se ha producido! estamos a la espera de que nuestro cuerpo terrenal, en el cual vivimos, sea transformado a la semejanza del cuerpo de gloria de nuestro Señor Jesucristo. ¿Cuándo será esto? En el glorioso día de la resurrección de entre los muertos: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:51-52).
 
 ¿No es maravilloso el mensaje de la Palabra de Dios? Fíjese en estas palabras: “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó”. Esta declaración tan sencilla pone a nuestro alcance algo tan grande como la eterna resurrección. Dios nos ha abierto las puertas de la vida por medio de una fe sencilla en nuestro Señor Jesucristo, y en su victoria sobre el pecado y sobre la muerte. Ningún fundador de ninguna religión se ha enfrentado a la muerte venciéndola, ya que todos murieron y quedaron atrapados por la muerte. Sin embargo, nuestro Señor Jesucristo se enfrentó a la muerte, la venció, y al tercer día dejó la tumba vacía.
 
 Esta victoria de Cristo está puesta a nuestro alcance, no hay que pagar, no hay que mercadear, no es por méritos propios, es simplemente por medio de la fe en la muerte y en la resurrección de nuestro Señor Jesucristo.
 
 La fe está al alcance de todo ser humano, no importa su raza, sus conocimientos intelectuales, todos pueden creer, todos están capacitados para ejercitar esta fe. Este es el medio que Dios ha establecido para acceder al perdón de los pecados y a la resurrección de entre los muertos. Por lo mismo, el no creer a Dios y en su Palabra es el agravio, la ofensa, el pecado más grande que se pueda cometer delante de Dios.
 
Amado, si todavía usted no ha ejercitado la fe en la muerte y en la resurrección de entre los muertos del Señor Jesucristo, entonces grande será su pesar por no haberlo hecho. Ahora usted tiene la oportunidad de creer, y recibir el perdón de sus pecados así como la vida y la inmortalidad. Hermano, ¿está usted enfriándose en la fe? Esta es hora de afirmarse en lo que creyó y gustó en cuanto al Señor. Dios les bendiga.