Todos los Evangelios del Nuevo Testamento informan que Jesús fue crucificado y murió por esa causa. ¿Hay suficientes pruebas que garanticen la precisión de estos informes?
La expiatoria muerte y resurrección de Jesús es la doctrina principal del cristianismo. Si alguno de estos sucesos no ocurrió, el cristianismo predicado por los apóstoles es falso. Porque si Jesús no murió en la cruz, no hay muerte expiatoria por nuestros pecados, como enseña el Nuevo Testamento. Además, como el término “resurrección” se refiere a la transformación de un cadáver en un cuerpo inmortal, si Jesús no murió, no hubo cuerpo que transformar.
 
Sin resurrección, el cristianismo sería falso. El apóstol Pablo ensañaba: “Si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana” (1 Corintios 15:17). Los evangelios registran también a Jesús diciendo que su resurrección serviría como prueba de la verdad de sus afirmaciones sobre sí mismo (Mateo 12:39-40; Juan 2:18-22).
 
Entonces, según Jesús y Pablo si la resurrección de Jesús no ocurrió, es tiempo de encontrar otra forma de ver la vida. En consecuencia, como la resurrección demanda muerte, la de Jesús por crucifixión es un vínculo que no puede romperse si hemos de considerar el cristianismo como verdadero.
 
En este artículo, presentamos cuatro razones para creer que Jesús murió por crucifixión.
 
1).- La ejecución de Jesús está registrada en muchas fuentes antiguas: cristianas y no cristianas. Además de los cuatro evangelios y varias de las cartas contenidas en el Nuevo Testamento, todo lo cual fue escrito en el siglo primero, muchas fuentes antiguas no cristianas reportan la muerte de Jesús. Flavio Josefo (final del siglo I), Tácito (principio del siglo II), Luciano de Samosata (del principio a la mitad del siglo II) y Mara bar Serapión (segundo o tercer siglo) todos registran el suceso. El hecho de que estos no cristianos hayan mencionado a Jesús en sus escritos muestra que la muerte de Jesús fue conocida en círculos externos al cristianismo, y que no fue algo inventado por los cristianos.
 
2).- Las probabilidades de sobrevivir a la crucifixión son muy escasas. La crucifixión, y la tortura que algunas veces la precedía, puede haber sido la peor forma de morir en la antigüedad. Muchas fuentes antiguas la describen, incluyendo a Flavio Josefo, historiador judío del primer siglo, quien cuenta sobre un hombre flagelado tan severamente que su carne fue cortada hasta el hueso (La Guerra de los Judíos 6:304. Ver también 2:612; Antigüedades 12:256). En otra parte informa que un grupo fue azotado hasta dejar sus intestinos expuestos (La Guerra de los Judíos 2:612). En un texto del siglo II titulado “El Martirio de Policarpo, se dice que el látigo romano exponía las venas y arterias de la persona (Martirio de Policarpo 2:2). Luego, la víctima era llevada fuera de los muros de la ciudad, donde los soldados la empalaban con clavos a una cruz o un árbol (Una abrumadora mayoría de fuentes antiguas menciona el uso de clavos para empalar a los castigados a una cruz o un árbol. Como el evangelio de Juan menciona el uso de clavos en la crucifixión de Jesús [20:25, 27] y Lucas lo deja entrever [24:39], no hay buenas razones para pensar que Jesús no haya sido clavado a la cruz). Ahí la dejaban colgando con un dolor atroz. En el siglo I, un filósofo romano llamado Séneca describió a las víctimas crucificadas como cuerpos vacíos, maltratados, ineficaces, mutilados, desfigurados, deformes, perforados y “jalando el aliento vital entre una larga agonía” (Séneca, Epístolas “A Lucilio” 101).
 
Existe solamente un relato de alguien que sobrevivió a la crucifixión. Flavio Josefo informó haber visto cuando crucificaban a tres de sus amigos (Flavio Josefo, Vida, 420-21). Rápidamente apeló a su también amigo, el comandante romano Tito, quien ordenó que los tres fueran bajados inmediatamente y recibieran el mejor tratamiento médico que Roma podía ofrecer. A pesar de esta acción, murieron dos de los tres. Por tanto, aunque Jesús hubiera recibido asistencia médica tras un retiro prematuro de la cruz, sus oportunidades de sobrevivir habrían sido poco prometedoras. Aun así, no existen pruebas de que Jesús haya sido bajado mientras aún estaba vivo o de que haya recibido atención médica de ningún tipo, mucho menos la mejor disponible en Roma.
 
3).- Las opiniones médicas profesionales son unánimes en concluir que Jesús ciertamente murió como resultado de la crucifixión (Muchas de ellas se mencionan en el segundo volumen de La Muerte del Mesías, Raymond Brown [Nueva York: Doubleday, 1994]). Aunque persiste cierto debate respecto a las causas específicas de muerte relacionadas con la crucifixión, la mayoría opina que Jesús murió por asfixia (o falta de oxígeno). Nuestra comprensión histórica de la crucifixión apoya dicha conclusión. Muchas fuentes antiguas hacen referencia a la costumbre de quebrar las piernas para acelerar la muerte en la cruz (Cicerón, Oraciones, Discurso 13, 12:27; Evangelio de Pedro 4:14. En el Evangelio de Pedro se prohíbe quebrar las piernas para que la víctima crucificada sufra por más tiempo). ¿Cómo puede esto apresurar la muerte? Dos amigos míos dirigen la sala de emergencias de dos hospitales metropolitanos (Dr. Jim Ritchie y Dr. Jack Mason). Pregunté a cada uno si existen razones médicas que aceleren la muerte de una víctima de crucifixión al quebrar sus piernas. Contestaron que existen algunas posibilidades, pero ciertamente muy remotas. ¿Entonces en qué forma se acelera la muerte de un crucificado al quebrar sus piernas?
 
Durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, los alemanes solían torturar a sus víctimas mediante una práctica llamada “aufbinden”. Las ataban por las muñecas y las levantaban hasta que con esfuerzo apenas pudieran alcanzar el piso con los dedos de los pies. Cuando se cansaban se relajaban, y les era difícil respirar. Como los músculos utilizados para inhalar son más fuertes que los utilizados para exhalar, el bióxido de carbono se acumulaba y la víctima moría de forma incómoda. Experimentos con voluntarios suspendidos revelaron que no es posible permanecer consciente en esa posición por más de doce minutos si los brazos tienen un ángulo de 45 grados o menos. Al quebrar las piernas de un crucificado, se evitaba que empujara hacia arriba contra el clavo de los pies (un movimiento que resultaba dolorosísimo) para respirar con mayor facilidad, al menos temporalmente. En la opinión de mis dos amigos médicos de sala de emergencias, debido al trauma que experimentó por la misma crucifixión, una vez muerto por falta de oxígeno, y habiendo permanecido en esa posición durante cinco minutos, habría sido imposible reanimarlo. Además, el Evangelio de Juan informa que uno de los guardias perforó a Jesús para confirmar que estuviera muerto (Juan 19:34-37), práctica mencionada igualmente por Quintiliano, historiador romano del siglo I (Declamationes maiores 6:9: “En cuanto a los que mueren en la cruz, el verdugo no prohíbe el entierro de quienes han sido atravesados”).
 
¿Existe alguna razón para creer que los romanos hayan deseado acelerar la muerte de Jesús en la cruz? Flavio Josefo, célebre historiador judío del siglo primero, menciona que antes de que los romanos destruyeran Jerusalén en el año 70 d.C., los judíos tenían la costumbre de bajar a los crucificados de sus cruces y enterrarlos antes de la puesta del sol (Guerra Judía 4:317). Existen informes de un crucificado que vivió tres días en la cruz, y de personas abandonadas en la cruz mucho tiempo después de su muerte para que sirvieran de alimento a pájaros, perros e insectos. Sin embargo, esta práctica no se seguía en Jerusalén antes de su destrucción en el año 70 d.C. Jesús fue crucificado en el año 30 ó 33 d.C. Entonces tenemos una muy buena razón para creer que los romanos se aseguraron que Jesús muriera antes de la puesta del sol el día que fue ejecutado.
 
4).- Si Jesús hubiese logrado sobrevivir de alguna manera a la crucifixión, los discípulos no habrían creído que había resucitado. Hay muchas pruebas históricas de que Jesús murió crucificado. Lo atestiguan muchas fuentes antiguas, algunas de las cuales no son cristianas y, por lo tanto, no se inclinan hacia la interpretación cristiana de los hechos. Las probabilidades de sobrevivir a la crucifixión eran muy leves. La opinión médica unánime es que Jesús definitivamente murió debido a los rigores de la crucifixión, y aunque hubiera logrado sobrevivir, los discípulos no habrían creído que había resucitado.
 
Aún el muy escéptico co-fundador del Seminario de Jesús, Juan Dominic Crossan, concluye: “Que [Jesús] fue crucificado es tan seguro como cualquier dato histórico puede ser” (John Dominic Crossan. Jesús: Una Biografía Revolucionaria [San Francisco: HarperCollings, 1991], 145). Luego, en tres ocasiones en el mismo libro, Crossan afirma que este suceso provocó la muerte de Jesús. Similarmente, el crítico ateo del Nuevo Testamento Gerd Lüdemann escribe: “La muerte de Jesús a consecuencia de la crucifixión es indiscutible” (Gerd Lüdemann. La Resurrección de Cristo [Amherst, NY: Prometheus, 2004, 50]). Por lo tanto, dada la avasalladora evidencia a favor de la muerte de Jesús por crucifixión, sin pruebas palpables de lo contrario, los historiadores deben concluir que Jesús fue crucificado y murió en el proceso.