“Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.
Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.” 1 Corintios 15:12-19.
 
N.Y., Estados Unidos, (Agencia Orbita / NoticiaCristiana.com) Cerca del año 55 d.C., el apóstol Pablo escribió que el Cristo resucitado había sido visto por Pedro, los doce apóstoles, más de 500 personas (muchas de las cuales todavía vivían cuando se escribió la carta).
 
1.- UNA EJECUCIÓN PÚBLICA ASEGURÓ SU MUERTE
 
Durante la fiesta judía de la Pascua, Jesús fue arrastrado por una multitud airada a una corte judicial romana. Mientras se encontraba ante Pilato, el gobernador de Judea, los líderes religiosos acusaron a Jesús de proclamarse a Sí mismo rey de los judíos. La multitud demandó que lo mataran. Jesús fue golpeado, azotado y sentenciado a la ejecución pública.
 
En una loma en las afueras de Jerusalén lo crucificaron en medio de dos criminales. Tanto sus amigos, con el corazón destrozado, como sus burlones enemigos, lo vieron morir lentamente. Como se acercaba el día de reposo, enviaron soldados romanos a terminar la ejecución. Para que los malhechores murieran más rápido, les rompieron las piernas. Pero cuando fueron a Jesús no le rompieron las piernas porque por experiencia sabían que ya estaba muerto. Sin embargo, como última precaución lo clavaron en el costado. Habría que darle mucho más que primeros auxilios para que volviera a causarles problemas.
 
2.- UN ALTO OFICIAL SE ENCARGÓ DE LA SEGURIDAD DE LA TUMBA
 
Al otro día, los líderes religiosos se volvieron a reunir con Pilato. Dijeron que Jesús había predicho que resucitaría en tres días. Para asegurarse de que los discípulos no conspiraran y engañaran a todos diciendo que había resucitado, Pilato ordenó que se pusiera el sello oficial de Roma a la tumba, para que los ladrones de tumbas se mantuvieran alejados.
 
Además, para que se cumplieran esas órdenes, se puso una guardia a cuidar de la tumba. Cualquier discípulo que tratara de mover el cuerpo hubiera tenido que pasar por en medio de los guardias, lo cual no hubiera sido fácil. Los guardias romanos tenían buenas razones para mantenerse alertas, ya que la pena por dormirse durante la guardia era la muerte.
 
3.- A PESAR DE LOS GUARDIAS, ENCONTRARON LA TUMBA VACÍA
 
La mañana siguiente al día de reposo, algunos de los seguidores de Jesús fueron a la tumba para ungir su cuerpo. Pero cuando llegaron, se sorprendieron de lo que encontraron. La peña gigantesca que cubría la tumba había sido removida, y el cuerpo de Jesús no estaba adentro. Cuando se corrió la voz, dos discípulos se apresuraron a ir a la tumba. Estaba vacía, a excepción de las envolturas de Jesús, que estaban dobladas nítidamente en su lugar.
 
Mientras tanto, algunos de los guardias habían ido a Jerusalén para decir a los oficiales judíos que se habían desmayado ante la presencia de un ser sobrenatural que quitó la piedra. Y cuando despertaron, la tumba estaba vacía. Los oficiales pagaron a los guardas una gran suma de dinero para que mintieran diciendo que los discípulos se habían robado el cuerpo mientras ellos dormían. Aseguraron a los guardas que si el informe del cuerpo perdido llegaba a oídos del gobernador, intercederían a favor de ellos.
 
4.- MUCHAS PERSONAS DIJERON HABERLO VISTO VIVO
 
Cerca del año 55 d.C., el apóstol Pablo escribió que el Cristo resucitado había sido visto por Pedro, los doce apóstoles, más de 500 personas (muchas de las cuales todavía vivían cuando se escribió la carta), Jacobo y él mismo (1 Corintios 15:5-8). Al hacer una aseveración tan pública, dio a sus críticos la oportunidad de verificar sus afirmaciones por sí mismos. Además, el Nuevo Testamento comienza su historia de los seguidores de Cristo diciendo que Jesús “después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles [a los apóstoles] durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios” (Hechos 1:3).
 
5.- SUS APÓSTOLES CAMBIARON DE FORMA DRAMÁTICA
 
Cuando uno de los hombres más cercanos a Cristo lo abandonó y lo traicionó, los otros apóstoles corrieron para salvar sus vidas. Hasta Pedro, quien antes había insistido en estar dispuesto a morir por su Maestro, se desalentó e incluso negó conocer a Jesús. Sin embargo, los apóstoles experimentaron un cambio dramático. En unas pocas semanas se encontraban cara a cara ante aquellos que habían crucificado a su líder. Su espíritu era como el hierro.
 
Se volvieron indomables en su determinación de sacrificar todo por Aquel a quien llamaban Salvador y Señor. Aun después de ser encarcelados, amenazados, y aunque se les prohibió hablar en el nombre de Jesús, los apóstoles dijeron a los líderes judíos: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). Luego de azotarlos por desobedecer las órdenes del consejo judío, estos mismos apóstoles que una vez fueron cobardes “no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo” (Hechos 5:42).
 
6.- LOS TESTIGOS MURIERON POR LA VERDAD
 
La historia está llena de mártires. Innumerables hombres y mujeres han muerto por sus creencias. Por esa razón, no es tan significativo señalar que los discípulos estuvieron dispuestos a sufrir y a morir por su fe. Sin embargo, sí es significativo que aunque muchos mueren por defender lo que para ellos es cierto, pocos, si acaso, están dispuestos a morir por algo que saben es una mentira.
 
Ese hecho psicológico es importante porque los discípulos de Cristo no murieron por creencias profundamente arraigadas sobre las cuales pudieran haber estado honestamente equivocados. Murieron por asegurar que habían visto a Jesús vivo y bien luego de Su resurrección. Murieron por asegurar que Jesucristo, no sólo había muerto por sus pecados, sino que se había levantado corporalmente de entre los muertos para demostrar que era muy diferente de cualquier otro líder espiritual que hubiera vivido jamás.
 
7.- LOS JUDÍOS CAMBIARON SU DÍA DE ADORACIÓN
 
El día de reposo y adoración era un elemento básico de la forma de vida judía. Cualquier judío que no honrara el día de reposo era culpable de violar la ley de Moisés. Sin embargo, los judíos seguidores de Cristo comenzaron a adorar con los creyentes gentiles en un día nuevo. El primer día de la semana, el día en el que creían que Cristo se había levantado de entre los muertos, reemplazó al sábado o día de reposo judío.
 
Para un judío, se trataba de un cambio de vida muy importante. El nuevo día, junto con el rito del bautismo característico de la conversión cristiana, declaraban que aquellos que creían que Cristo se había levantado de entre los muertos estaban listos para algo más profundo que un reavivamiento del judaísmo. Creían que la muerte y resurrección de Cristo habían abierto el camino hacia una nueva relación con Dios. El nuevo camino no estaba basado en la ley sino en la ayuda de un Salvador resucitado que llevó sus pecados y les dio nueva vida.
 
8.- AUNQUE INESPERADO, FUE PROFETIZADO CLARAMENTE
 
Los discípulos fueron tomados por sorpresa. Esperaban que su Mesías restaurara el reino de Israel. Sus mentes estaban tan fijas en la venida de un reino político mesiánico que no esperaban los eventos esenciales para la salvación de sus almas. Deben haber pensado que Cristo hablaba en un lenguaje simbólico cuando decía una y otra vez que era necesario que fuera a Jerusalén a morir y a resucitar de entre los muertos. No supieron ver el significado obvio de las palabras de Aquel que hablaba en parábolas hasta mucho después de que todo terminara. En ese proceso, tampoco se fijaron en las predicciones del profeta Isaías de un siervo sufrido que llevaría los pecados de Israel, que sería llevado como cordero al matadero, antes que Dios le concediera vivir “por largos días” (Isaías 53:10).
 
9.- ERA EL CLÍMAX APROPIADO DE UNA VIDA MILAGROSA
 
Mientras Jesús colgaba de una cruz romana, la muchedumbre de burlaba de Él. Ayudó a otros, pero, ¿podría ayudarse a Sí mismo? ¿Habría llegado súbitamente el fin del milagro? Parecía ser un final inesperado para alguien que comenzó su vida pública convirtiendo agua en vino. Durante los tres años de su ministerio, caminó sobre agua, sanó a los enfermos, abrió los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos, soltó la lengua de los mudos, restauró brazos y piernas secas, sacó demonios, calmó una tormenta violenta, y resucitó muertos.
 
Hizo preguntas que ni aún los sabios supieron responder. Enseñó profundas verdades con las más simples comparaciones. Y confrontó a los hipócritas con palabras que los desenmascararon. Si todo esto fue cierto, ¿por qué ha de sorprendernos que sus enemigos no dijeran la última palabra?
 
10.- CONCUERDA CON LA EXPERIENCIA DE LOS QUE CONFÍAN EN ÉL
 
El apóstol Pablo escribió: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:11). Esa fue la experiencia de Pablo, cuyo corazón fue transformado de forma dramática por el Cristo resucitado.
 
También ha sido la experiencia de personas alrededor del mundo que han «muerto» a su vieja manera de vivir para que Cristo pueda vivir Su vida a través de ellos. Este poder espiritual no es evidente en aquellos que tratan de añadir el creer en Cristo a su vieja manera de vivir, sino sólo en aquellos que están dispuestos a “morir” a su vieja vida para permitir que Cristo los gobierne; aquellos que responden a la sobrecogedora evidencia de la resurrección de Cristo reconociendo Su señorío sobre sus corazones.