Rev. Luis M. Ortiz
 
“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” Hechos 1:8.
La respuesta es firme y categórica: ¡Sí puede! ¿Cómo puede hacerlo, siguien­do qué plan, o usando qué método? A lo largo de la historia de la Iglesia se han se­guido muchos planes, se han usado muchos métodos. Sin embargo, el mundo no ha sido evangelizado. Pero hay un plan único que es el que realmente produce los mejores resulta­dos, los resultados anhelados y permanentes; no hay otro plan tan efectivo, tan eficaz, tan extraordinario que el plan recomendado por nuestro Señor Jesucristo en el libro de los He­chos capítulo 1 y versículo 8, que dice: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” La Iglesia al principio no se lanzó a la evangelización del mundo sin antes seguir al pie de la letra el plan ordenado por Cristo.
 
“Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Je­rusalén, camino de un día de reposo. Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolo­mé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. Todos éstos perse­veraban unánimes en oración y ruego, con las mu­jeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.” (Hechos 1:12-14). Y se quedaron en Jerusalén hasta que fueron investidos del poder de lo alto, y cuando recibieron esta envestidura del poder del Espíritu Santo co­menzaron a ser testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tie­rra. Y fue precisamente por esta investidura de poder en la Iglesia apostólica que en el libro de los Hechos hallamos una corriente interminable de milagros y maravillas que respaldaban e impulsaban eficazmente la evangelización del mundo.
 
Y fue precisamente por esta investidura de poder que esta poderosa Iglesia durante los treinta y dos años que transcurrieron, desde el día de Pentecostés hasta que finaliza el libro de los Hechos, evangelizó a casi todo el mun­do conocido. Y dice en Hechos 19:10 leemos: “de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la Palabra del Señor Jesús.” También dice en Colosenses 1:5 y 6 leemos: “cual ya habéis oído por la Palabra verdadera del Evangelio, que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo”.
 
El propósito fundamental y casi único de recibir esta investidura de poder del Espíri­tu Santo es para hacer testigos eficaces de la Venida del Señor y de Su Evangelio; dicho de otro modo no se puede ser un testigo verda­dero y eficaz del Evangelio sin la investidura del poder de lo alto. Tampoco habrá verdade­ra y completa evangelización del mundo sin la plenitud y el poder del Espíritu Santo. Jesús dijo: “Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo úl­timo de la tierra.” (Hechos 1:8). Es decir, son los testigos del Señor llenos del Espíritu Santo los que verdaderamente pueden evangelizar al mundo hasta lo último de la Tierra y a toda criatura.
 
Hablando de la total evangelización del mundo y de la participación de sus verdade­ros testigos llenos del poder del Espíritu San­to, Jesús dice: “Y será predicado este Evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24:14). Se destaca en este versículo una vez más que el mundo será totalmente evangelizado por testimonio, esto es por los verdaderos testigos llenos del poder del Espíritu Santo; repito que los verdaderos testigos del Señor son los que están llenos del Espíritu Santo. Un testigo del Señor tiene que testificar, tiene que hablar y al hablar debe hacerlo lleno del Espíritu Santo; si habla sin el poder, sin la investidura, sin la potestad del Espíritu Santo, su testimonio, sus palabras son vacías y sin fruto; y desde luego no es un verdadero testigo de Jesucristo.
 
Por esto San Pablo que podía usar méto­dos distintos para evangelizar, que podía re­currir a muchos recursos humanos, que podía impresionar con su sabiduría humana, con su amplísima cultura y con sus doctorados; que podía montar buenos espectáculos, dramas y comedias; que en muchas ciudades podía intervenir exitosamente en la política, y salir electo alcalde, y buscarle empleo a los cristia­nos; que con su preparación académica podía fundar universidades para doctorar a los pas­tores; o podía tomar a su ayudante el médico Lucas, y podía establecer dispensarios, poli­clínicos y hospitales para los pobres, etc. Pero este gran paladín del Evangelio nada de esto hizo, aunque tenía la capacidad para hacerlo, mas él se dio cuenta que para evangelizar al mundo, para ganar almas para Cristo, tenía que ser por el testimonio, por la predicación ungida por el Espíritu Santo.
 
Y Pablo escribe a los corintios de la si­guiente manera: “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demos­tración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.” (1 Corintios 2:1-5). “Y noso­tros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también ha­blamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, aco­modando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede en­tender, porque se han de discernir espiritualmente.” (1 Corintios 2:12-14).
 
De manera amados, que como único la Iglesia puede evangelizar a todo el mundo en nuestros días es por el poder, la plenitud, la unción, la potencia, la investidura, el bautis­mo del Espíritu Santo; ese es el único método bíblico y eficaz. De esto se están dando cuenta muchos líderes evangélicos y muchas iglesias, y están buscando y recibiendo este poder de Pentecostés.
 
Un conocido y prominente líder cristia­no escribió en cierta ocasión, y leemos: “No­sotros nos hemos dado cuenta que lo único que puede mover al mundo es el poder del Espíritu Santo operando a través de noso­tros, y nosotros lo estamos buscando, y lo estamos recibiendo; hemos dejado a un lado lo que creíamos que era indispensable como la educación académica y estamos recibiendo la plenitud del Espíritu Santo, pero también nos hemos dado cuenta que lo que nosotros estamos dejando a un lado por ineficaz, esto es los títulos académicos, muchos hermanos y ministros pentecostales los están recogiendo y están descuidando la plenitud y el poder del Espíritu Santo.”
 
Es realmente lamentable que alguien que haya comenzado en el espíritu, con un mi­nisterio notable, ahora se quiera perfeccionar en la carne y se torne un hueso seco.
 
Amados, positivamente como único, la Iglesia puede hoy evangelizar a todo el mundo es con el poder y el fuego del Espíritu Santo. “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Zacarías 4:6).
 
En uno de mis viajes misioneros a Europa me relató un pastor de esta zona, que siendo el pastor bautista llegó un momento en su vida, hace varios años, que por causa de las duras pruebas de fuera y de adentro ya no podía se­guir adelante en el ministerio, desde luego él combatía el bautismo en el Espíritu Santo; es­tando claudicando por las pruebas, en oración le dijo al Señor que él no podía seguir adelante si Dios no hacía algo con él, de manera que pudiera seguir, ¿y sabe usted lo Dios hizo con él, para que pudiera seguir adelante en este glorioso ministerio? ¿Sabe qué hizo? Lo bau­tizó con el Espíritu Santo hablando en otras lenguas conforme Hechos 2:4, y positivamen­te siguió adelante y ha levantado dos iglesias más. ¡Gloria a Dios!
 
Es como único, la Iglesia puede seguir ade­lante victoriosamente y evangelizar a todo el mundo en nuestros días por medio del poder del Espíritu Santo.
 
Si no lo ha recibido es para usted, pues, el apóstol Pedro dice: “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios lla­mare.” (Hechos 2:39). Sea pentecostal, bautis­ta, metodista, presbiteriano, episcopal, no im­porta la denominación es para usted, y debe pedirlo, y debe creerlo, y debe recibirlo, y si ya lo recibió debe mantenerse lleno del Espíri­tu Santo y debe actuar como un fiel testigo de Cristo evangelizando y ganando almas para el reino de los cielos.
 
Amigo, si no se ha rendido al Señor puede y debe hacerlo en este instante y el Señor le va a salvar, le va perdonar de sus pecados y aun le puede bautizar con el Espíritu Santo, pues, dice la Biblia: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu San­to.” (Hechos 2:38). Amén